Combatiendo a tus dragones

En verano de 1999 el pontífice Juan Pablo II sentenció que el Cielo no es “un lugar físico entre las nubes” y que el Infierno tampoco es “un lugar”, sino “la situación de quien se aparta de Dios”. Por supuesto, yo carezco de conocimientos de teología, de inspiración divina y de infalibilidad papal como para poder decidir si el Infierno es un lugar o no. Ni siquiera podría decidir si es endotérmico o exotérmico. Pero hay una cosa que sí sé con certeza: el Infierno es una experiencia privada. Cada uno tiene el suyo y no es igual al de ninguna otra persona.

El procedimiento para evitar acabar en el Infierno ha sido estudiado durante milenios por sesudos predicadores quienes han llegado más o menos a las mismas conclusiones, bien sea mediante no cometer ninguno de los Siete Pecados Capitales o por seguir el Óctuple Noble Sendero, el truco consiste esencialmente en hacer siempre más por ayudar al prójimo de lo que uno haría por ayudarse a si mismo aunque hay muchos matices en esto los cuales comentaré a continuación.

Tengo algunos buenos amigos que han desarrollado tendencias budistas. Y no les va mal. El peligro con el budismo es que empieza por la aceptación de que “nada importa nada”¹ y eso está peligrosamente cerca del nihilismo. También conozco de primera mano católicos acérrimos a quienes les va bien, con el riesgo justamente contrario de tomarse la vida como el calvario de camino al Cielo.

A caballo entre estos dos extremos están los emprededores. Quienes forman uno de los colectivos más estúpidos que conozco. Tampoco es que conozca muchos colectivos, ergo probablemente los hay aún más tontos, pero dado el porcentaje de fracaso de las start ups y los daños que causan al quebrar bien podríase concluir —a primera vista— que emprender es estupidez.

Mas el problema no es el emprendizaje en sí mismo sino la filosofía de la que están imbuidos los emprendedores. Herederos de las mejores tradiciones bélicas, los emprendedores se consideran a menudo a sí mismos como los sucesores de los guerreros de antaño. Craso error derivado de no haber tomado buena nota de lo que aconseja Tsung Tzu en El Arte de la Guerra: la mejor forma de ganar una batalla es no tener que combatirla. Y sin embargo, aquí tenemos a todos estos emprendedores a la conquista de un mercado (y a veces ni eso, simplemente a la conquista de una causa social) del modo más difícil.

Emprendes y, entonces, antes de que puedas percatarte, estás metido en un berengenal. Y no me refiero exclusivamente a emprender una empresa. Lo mismo emprendes una familia o una colección de cromos. ¿Dónde está escrito que haya que terminar una colección de cromos? pero tú, nada, erre que erre, a ver si consigues el cromo de Superman que es el único que te falta.

Llegado a este punto estás de puta madre, tus amigos envidian tu éxito y tu independencia, eres la estrella de la prensa y tus empleados te adoran. Pero en el fondo estás más de puta que de madre porque con la plata de los inversores le estás pagando a cada asalariado más dinero del que te llevas tú a casa a fin de mes, y tras cada cogorza tienes que mear en el depósito del Porsche para que funcione porque llenarlo de gasolina excede el máximo diario permitido por tu tarjeta de crédito.

Y, lo peor: aquello que pensabas que iba a ser una blitzkrieg de la cual saldrías rápidamente victorioso ha degenerado en una guerra de trincheras; calado, con fango hasta la rodilla, rodeado de ratas y con centenares de piojos corriendo por la camiseta.

Para esto no te habían preparado ¿verdad? (no es posible “prepararse” para una guerra de trincheras). Se les olvidó decirte que se combate “sin turnos y sin contar los días, ni los meses ni los años”².

Funciona más o menos de la siguiente manera: a las 5:30 a.m. aproximadamente, tanto si lo quieres como si no, tu cerebro entra en vigilia y empiezas a pensar: “¡joder! ¡joder! ¡joder! ¡joder!”. Esto no es un suceso aislado, sino que se repite sin contar los días, ni los meses ni los años.

Voy a compartir ahora mis consejos para combatir a los dragones, incompletos, pues aún los estoy ampliando y refinando, de momento es lo que tengo.

• Nada importa nada, todo es vanidad.

• Pase lo que pase, mantente calmado. Si pierdes la calma no podrás pensar y si no piensas estas acabado.

• Buscar el combate es estúpido. No hay ninguna gloria en la guerra. Las únicas buenas guerras son las que se ganan sin pegar un solo tiro.

• No desperdicies ninguna oportunidad de mostrar alguna bondad.

• No nuestres clemencia con tus enemigos, pues ellos no la tendrán contigo.

• La vida es como un periplo con maletas de un puerto a otro. Por mucho que intentes conservar el equipaje, tarde o temprano lo irás perdiendo. No se trata de ganar o perder. Vas a perder seguro porque te morirás de todas formas. La única diferencia que puedes marcar es a cuánta gente puedes ayudar o cuántos enemigos puedes abatir antes de caer finalmente tú mismo.

• Aprende a meditar (o a rezar, según prefieras). Es un proceso larguísimo que requiere años de práctica y es tremendamente coñazo (al menos para mi) pero compensa si consigues aprender.

• No descuides tu cuerpo. Las emociones pasan por el cuerpo. La mayor parte de cómo te sientes es debido a cómo se siente tu cuerpo.

• Puedes drogarte un poco. Todo el mundo necesita un chute de morfina algún día en que el dolor además de inútil es insoportable. Pero ten mucho cuidado con las drogas, puesto que te hacen creer que el mundo es un lugar mejor de lo que es en realidad, lo cual no es lo que deseas. Además, si abusas te volverás adicto o, peor aún, dejarán de hacerte efecto.

• Crea indicadores que te permitan saber si estás progresando o retrocediendo. No es tan importante si actualmente estás bien o mal como la tendencia. Según su biógrafos, Warren Buffet atesoró el 95% de su fortuna después de los 65 años.

• Ármate de una determinación inagotable. El éxito con frecuencia es simplemente continuar donde otros abandonaron. Lo que diferencia a un equipo grandioso de otro que simplemente es bueno es la capacidad de jugar 80 minutos perdiendo dos a cero y meter tres goles seguidos al final de la segunda parte porque el contrario ya no tiene aliento para correr más.

• Ponle límites a tu alcoholismo laboral. No trabajes más de doce horas al día. Ni más de seis días en semana.

• Moléstate sólo en conquistar territorios que puedas mantener. Cuando una persona adquiere algo desarrolla inmediatamente el miedo a perderlo. No asaltes posiciones indefendibles a largo plazo.

• Si te enfrentas a muchos enemigos, no los combatas a todos a la vez, colócate en una posición central y derrótalos uno por uno³.

• Relájate, nada está bajo control.

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¹ Esto se lo leí a Fernando Sanchez Dragó en El Sendero de la Mano Izquierda.
² Esto es del Credo Legionario.
³ Napoleón Bonaparte.

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  1. Pingback: ¿Son los campeones realmente resilientes? | La Pastilla Roja

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