Software Libre y desarrollo económico

Me he traido de Infonomía una regla del dedo gordo denominada “Ley de Rowen” que dice: “Cuando los márgenes atractivos desaparecen de una determinada fase de la cadena de valor porque el producto/servicio ha sido comoditizado, la oportunidad de conseguir unos beneficos atractivos con un producto/servicio diferenciado y descomotizado es muy probable que haya transitado a otra fase adyancente de la misma cadena de valor“.
La idea está inspirada en un artículo de Clayton M. Christensen en el texto HBR Breakthrough Ideas for 2004 del Hardvard Business review.
Esto viene a colación de una nota de prensa de Hispalinux referente a unas recientes declaraciones de Eugenio Beaufrand, VP de Microsoft para Latinoamérica, afirmando que el software libre es perjudicial para el desarrollo económico.
El argumento básico de Beaufrand es que el software libre no puede ofrecer el ecosistema completo de Microsoft y, por consiguiente, los clientes deben invertir más en integración.
Christensen aporta algunos buenos argumentos de porqué es justo al contrario, por ejemplo:
los productos son más rentables cuando no son aun ‘suficientemente buenos’ esto es porque para hacerlos funcionar los ingenieros deben utilizar arquitecturas propietarias que diferencian el producto de los otros de forma espontánea
cuando los productos maduran las innovaciones por las que pagan los clientes son rapidez en la salida al mercado y capacidad de respuesta a necesidades cambiantes
la ‘comoditización’ y modularización de los productos reduce los beneficios derivados de la diferenciación del conjunto y los traslada a la fabricación de subsistemas para ser ensamblados, debido a que entonces lo que diferencia un producto de otro es la calidad de los componentes
Bien, aplicando esto al software libre:
¿Quién puede generar más trabajo local, una aplicación cerrada y terminada o una que no es aún ‘suficientemente buena’?
¿Qué compañía lleva años sin actualizar sus productos estrella? Ni siquiera Debian, famosa por su parsimonia en el lanzamiento de versiones emula la calma de Microsoft a la hora de innovar en sus productos.
¿Quién puede fabricar subsistemas más optimos? El software cerrado desde luego no, porque no hay forma de optimizar trocitos de Windows. No es casualidad que los clusters de supercomputación (estilo Beowulf) o la emergente tecnología Grid estén basados en Linux.

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