Pagando por el asfalto de la carretera

El sábado celebramos el IV encuentro del Grupo Tibi en Madrid. Hablar con los emprendedores de Tibi es un poco sentarse debajo de una higuera a hacer ayuno y meditar: de repente uno se ilumina y ve cosas con clarividencia. Pero eso no sirve de mucho, porque tras ello, aunque se comprende mejor el mundo, se sigue estando en el mismo lugar e igualmente de hambriento.
Es para mi algo triste constatar que, a pesar de ser unos emprendedores optimistas y enérgicos como ningunos, la mayoría de ellos están resignados a que sus negocios nunca crecerán más allá del tamaño de una PyME.
Los de Tibi son la clase de tipos con los que uno se jugaría el pellejo en una trinchera, en serio. De los que están con los pies frios en el fango porque realmente creen en algo, y cuya única forma de hacerlos retroceder es matarlos.
El problema es el entorno. Mi hermano Iván dice amenudo que España es un gueto tecnológico. Agustín Cuenca califica el pais como “el culo del mundo”.
Sin ánimo de echarle la culpa de todo a la coyuntura, hay varios hechos innegables:
1º) El producto interior bruto de Estados Unidos es 10 veces mayor que el de España.
2º) El PIB determina el tamaño máximo del mercado TIC en un pais.
3º) En España nadie tiene un padre informático ni inversor TIC.
4º) Internacionalizarse para crecer es duro, muy duro.
5º) Los americanos no tienen estrategias globales, venden en su mercado local, que ya es lo bastante grande, y luego, por ósmosis, conquistan el resto del mundo.
Fue Warren Buffet el abanderado de decir que uno tiene que invertir sólo en aquello que entiende. Emilio Botín ha repetido lo mismo en varias ocasiones. Y en España ¿quién tiene dinero y entiende de tecnología? Cuando su hija Ana Patricia se metió en Coverlink como inversora, aquello acabó vendido por trozos a Indra. Claro que en aquella época del reventón punto com se la pegó casí todo el mundo.
Esta generación de emprendedores será la que pague por el asfalto de la carretera. Me temo que no queda otro remedio. Alguien tiene que pavimentar la Sociedad del Conocimiento, y me parece que los primeros, y los únicos de la lista para hacerlo somos nosotros mismos.

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