Carne de cañón

ArcoleEl primer condecorado con la Legión de Honor fue el tamborilero André Estienne. Cuando se alistó en 1791, André era de uno de esos jóvenes imberbes que los veteranos del regimiento Luberon ponían a la vanguardia de las cargas como carne de cañón. El 15 de noviembre de 1796 Napoleón se enfrentaba al general austríaco Joseph Alvinczy en la batalla del puente de Arcole. Los austríacos rechazaron la carga de la división de Pierre Françoise Augereau y la maniobra de tenaza que Napoleón había planeado fracasó. Napoleón, conocido por ser un hombre calculador, hizo entonces algo inusual en él y decidió atacar el puente portando la bandera de Francia al frente de sus granaderos. Los mosqueteros austríacos se cebaban disparando a discrección sobre las expuestas tropas francesas. Napoleón cayó al rio y fue salvado de un balazo por su ayudante de campo, el coronel Jean-Baptiste Muiron, quien murió al recibir el proyectil destinado a Napoleón. Napoleón tuvo que retirarse lo más dignamente que pudo reconociendo que haría falta algo más que valor para cruzar el río. Al día siguiente, André Estienne, que tenía entonces 19 años, se metió en el rio con su tambor en la cabeza al frente de un grupo de hombres. Al llegar a la otra orilla hizo creer a los austríacos que estaban rodeados, asustándoles lo suficiente como para permitir a las tropas de Napoleón cruzar el puente. Por este acto, el tamborilero de Arcole recibió la Legión de Honor, en una fastuosa ceremonia que se organizó el 15 de julio de 1804. Últimamente la condecoración ha perdido algo de prestigio, hasta el punto de que en 2012 Henri Torre (ex senador y militante del partido UPM) se negó a recibir el título de Caballero que conlleva, argumentando que actualmente el galardón se lo conceden “a cualquiera” (en 2012 se otorgaron 829 nuevas condecoraciones). Sin embargo, por muchas condecoraciones que se concedieran a los combatientes, el número de ellas palidece frente a las pérdidas de Napoleón: 500.000 hombres en la campaña de Rusia, 200.000 en la de España, entre 28.000 y 50.000 muertos en la batalla de Borodinó, 25.000 en Eylau, 30.000 en Leipzig, 35.000 en Waterloo y me dejo en el tintero muchos más. La conclusión: ahora que se fomenta tanto el espíritu heróico entre los jóvenes, es que el coraje está muy bien, pero no hay mucha distancia entre un héroe y un bocadillo de carne picada. Para el bueno de Muiron la recompensa fueron dos metros cuadrados de tierra italiana y una fragata con su nombre en recuerdo de su lealtad.

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