¿Está en auge la economía del alquiler “peer-to-peer”?

Tomio Geron publicaba recientemente en Forbes un artículo titulado Airbnb And The Unstoppable Rise Of The Share Economy en el cual comenta los casos de Airbnb y Uber, entre otros, como ejemplos de la creciente moda de mediación de alquiler entre particulares.

Existe un debate abierto sobre la seguridad que estos servicios ofrecen a los usuarios. En The New York Times Tim Wu proponía en diciembre de 2012 algunas posibilidades para regular las apps de alquiler P2P, mencionando que Airbnb ya ha sido, de hecho, declarado ilegal en ciudades con San Francisco y Nueva York. Un artículo duramente criticado por Tom Slee en una carta abierta encabezada Peer-to-Peer Hucksterism alertando sobre el peligro de la falta de un marco legal adecuado para el alquiler de casas entre particulares como servicio substitutivo de los hoteles. La polémica no es para nada nueva, Airbnb se fundó en 2008 y ya en verano de 2011 saltaron a la luz casos de personas que habían sufrido robos y destrozos en su vivienda alquilada a través de Airbnb.

Se huele, por otra parte, un cierto tufillo a proteccionismo comercial: que si los que alquilen su casa via Airbnb deberían pagar tasas hoteleras, que si los precios de los alojamientos deberían estar regulados para evitar la competencia desleal, que si nadie sin una licencia de taxi debería poder alquilar su coche, etc. Aunque todavía no se encuentran estudios económicos profundos sobre el impacto del alquiler P2P, probablemente se está produciendo un proceso de destrucción creativa, el cual erosiona en parte la industria existente de hoteles, coches y otros servicios, pero por otro lado generar eficiencias económicas globales a medio y largo plazo.

Pero más allá de la viabilidad legal o no de determinados modelos de negocio, lo que a mi me parece más relevante es si verdaderamente se está fraguando una tendencia social hacia el alquiler con dos facetas: 1ª) la de la persona que nunca compra, alquila; y 2ª) la de la persona que trata de sacar una rentabilidad por su cuenta de sus activos personales.

Geron afirma que “la Generación Y, la pujante fuerza económica en América, ha sido culturalmente programada para tomar prestado, alquilar y compartir. No compran periódicos, cogen y diseminan historias vía Facebook y Twitter. No compran cajas de DVDs, ven series en streaming”. Menos activos en propiedad posibilitan una mayor movilidad y menos ataduras hipotecarias. Aunque la otra parte del fenómeno, que me parece importantísima, es el cambio de mentalidad de trabajar para tus activos a poner a tus activos a trabajar para ti. Tener activos que no generan ingresos versus activos que sí generan ingresos es una de las diferencias fundamentales entre la clase media y la clase alta.

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