La receta para organizar una revolución social de la nada

En esta vida la voluntad humana lo es todo. Es por eso que la peor batalla que uno puede perder es la psicológica. Y esa es justo la que nos han ganado los politicastros que nos gobiernan. Es sorprendente que tras descolonizar África, salir ejemplarmente de una dictadura, ver caer el muro de Berlín y asistir al fin del apartheid, ahora haya tanta gente que crea que no hay ninguna alternativa a la partitocracia y el desgobierno de lo público. En Francia, la cuna de las revueltas populares, son bastante más activistas, aunque no por ello a la postre con mejores resultados. Y no me refiero a que haya más o menos prestaciones sociales, porque a fin de cuentas a mejores prestaciones mayores gastos, sino a la eficiencia con la que funcionan las administraciones y organismos públicos.
No obstante, hay en la historia muy buenos ejemplos de revoluciones sociales, de las cuales voy a copiar sólo una a continuación.


De joven Samuel Adams (1722-1803) tenía el sueño de ver a las colonias estadounidenses independizadas de Inglaterra con un sistema de gobierno basado en las ideas de John Locke según las cuales el gobierno debía reflejar la voluntad de sus ciudadanos. Adams era un buen escritor y conseguía que los periódicos publicasen sus artículos pero los lazos entre Inglaterra y las colonias eran fuertes y, aunque los colonos tenían sus agravios, no existía un clamor independentista.
Agotados económicamente por la Guerra Franco-India, en 1765 los ingleses necesitaban dinero con urgencia y para recaudar más aprobaron la Ley del Timbre que exigía a las empresas estadounidenses que compraran un timbre para legalizar cualquier documento. Se levantaron unas cuantas voces en las tabernas en contra, pero a la mayoría la ley le parecía algo intrascendente. Adams en cambio vio en esta ley algo tangible contra lo que inundar los periódicos de editoriales furibundos. Inglaterra imponía un nuevo impuesto y esto, según una frase suya que luego se haría célebre, era “imposición sin representación”, el primer paso hacia la tiranía.
Adams nunca había ido más hallá de escribir artículos pero ahora percibió la urgencia de alimentar la hoguera que había encendido. Reunió a gente de clase obrera que la sociedad elegante consideraba chusma, estibadores y de oficios por el estilo y fundó una organización llamada Hijos de la Libertad cuyos miembros marchaban por las calles gritando el lema “¡Libertad, propiedad y timbres no!”. Quemaban efigies de los políticos, distribuían folletos e intimidaban a los vendedores del timbre. Adams convocó un paro general en todo el estado de Massachusetts el día que la ley entraba en vigor. El boicot tuvo un éxito masivo. Al final el rey Jorge III se hartó y revocó la ley en 1766. Sin embargo, los ingleses no aprendieron la lección y al año siguiente intentaron colar otra serie de impuestos indirectos conocido como Sistema Townshend.
Nuevamente Adams se puso en pie de guerra. Escribió numerosos artículos, y convocó manifestaciones tan violentas que los ingleses se vieron obligados a enviar tropas a Boston lo cual era la meta de Adams desde el principio: fomentar la tensión. Al final un grupo de soldados perdió los nervios y acabó disparando a la muchedumbre en lo que Adams denominó la Masacre de Boston en la cual murieron tiroteados cinco bostonianos.
Adams respondió con un boicot contra las tropas inglesas: ningún ciudadano de Massachusetts, ni siquiera las prostitutas, les vendería nada, no se les alquilaría alojamiento y serían evitados en calles y tabernas negándoles incluso el contacto ocular. Esto produjo un efecto desmoralizador en las tropas y los soldados empezaron a desertar o a buscar formas de regresar a Inglaterra.
En 1773 el parlamento británico aprobó la Ley del Té, un intento de aliviar los problemas económicos de la Compañía de la India Oriental otorgándole el monopolio de facto sobre la venta de té en las colonias y añadiendo tres centavos a los impuestos de la ley Townshend. A pesar de que la Ley del Té abarataba de hecho el precio al eliminar los intermediarios, Adams la utilizó para reabrir las heridas de la Ley del Timbre y la Masacre de Boston.
Cuando los barcos de la Compañía de la India Oriental empezaron a llegar a Boston a finales de año, Adams ayudó a organizar un boicot en todas las colonias contra el té. Ningún estibador descargaría la mercancía y ningún almacén la guardaría. El 16 de diciembre de 1773 un grupo de ciudadanos disfrazados de indios mohawk ejecutaron el Motín del Té, abordaron los barcos y destruyeron el cargamento de té. En respuesta, los británicos clausuraron el puerto de Boston e instauraron la ley marcial en Massachusetts. Dieciseis meses más tarde, el 19 de abril de 1775 se produjeron las Batallas de Lexington y Concord, los primeros enfrentamientos en la Guerra de Independencia de Estados Unidos.

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