La lotería del capital riesgo y la pasión por endeudarse

Recibir inversión de capital riesgo en una start-up se presenta casi siempre como un hito importante en el camino hacia el crecimiento de la empresa. Se pierde de vista que, en el fondo, la inversión es una deuda que contrae la empresa, y, además, una deuda del dinero más caro que se pueda comprar. Un banco presta dinero a un 10% anual, un prestamista privado al 25%, un inversor de capital riesgo espera obtener entre 5 y 10 veces su inversión en un periodo entre 4 y 8 años, es decir, algo así como un ¡100% de interés anual! La cantidad de dinero que espera obtener el inversor suele ser tan imposible de obtener que la única forma de pagar es vendiendo la empresa a un tercero por una valoración irreal en un momento de pico de expectativas. El fenómeno llega tan lejos que en Silicon Valley normalmente ni los emprendedores ni los propios inversores piensan que la empresa vaya a poder devolver el dinero invertido sólo a través de sus ingresos por facturación.
No estoy sugiriendo que sea mejor en absoluto pedir dinero prestado al banco, o a un usurero, antes que a un business angel o a un fondo de capital riesgo. Simplemente quiero señalar que la necesidad de financiación externa debería percibirse como una debilidad y no como una fortaleza.
Además, en Silicon Valley la especulación con empresas high-tech puede funcionar, y de hecho funciona, porque la maquinaria de capital riesgo está muy bien engrasada y la cadena de compradores y vendedores potenciales en el ecosistema es larga. Una empresa como Facebook puede recibir cerca de 1.000 millones de dólares de inversión (cantidad inimaginable en España) de Microsoft, Accel, Greylock, Meritech y más… Y aún 8 años después de su arranque, firmar una serie E de 120 millones de Elevation Partners (el fondo de Bono, entre otros) por la compra de stock a propietarios privados por un precio que, si se extrapolase al total de participaciones de la empresa, situaría su valoración en 33.000 millones de dólares cuando el propio Elevation había comprado en noviembre de 2009 el 1% de Facebook por 90 millones.
Un aspecto importante que hay que entender es que las inversiones en innovación y nuevas tecnologías son esencialmente como una lotería. Tras las cábalas para determinar la valoración de las empresas y tras los planes grandielocuentes para cambiar el mundo se esconde, simple y llanamente, el pecado capital de la avaricia. Y es que si le hablas a alguien de ganar 1.000€ ni te escucha pero si le hablas de ganar 1.000 millones entonces se le ponen los ojos a cuadros incluso aunque la probabilidad de que tal cosa suceda sea tan remota como acertar en los Euromillones. Y aún es esta misma lotería las probabilidades de ganar, o, al menos, de no perder son mayores en Silicon Valley. Siguiendo con el caso de Elevation Partners, tras invertir $460 millones en la moribunda Palm en 2005, recuperaron 485 millones con la venta de Palm por 1.200 millones a HP, lo cual, sin ser para nada un gran logro, es todavía mucho mejor que multiplicar por cero.
De hecho, de un tiempo a esta parte, la media de rendimientos económicos en inversiones en Silicon Valley no es precisamente buena e incluso se habla de los VC Zombies. Sarah Lacy dice en TechCrunch que Facebook será la salvación de Elevation Partners, pero ¿cuántos Facebooks hay ahí fuera? Sea por envidia o por cualquier otra razón, los insiders de Silicon Valley no respetan a Mark Zuckerberg y se publican libros como The Accidental Billionaires para diferenciar a estos “emprendedores de la lotería” de los personajes realmente respetados en el Área de la Bahía como Eric Schmidt.
Algunos piensan que fundar una compañía en Silicon Valley es estúpido por los elevados costes que supone, a menos que el modelo de negocio sea claramente desde el principio dar un pelootazo. Significativamente, el mercado más visible de inversiones es el de websites e Internet, cuando precisamente es un tipo de negocio que requiere, en teoría, mucho menos capital que otros (al menos para empezar en el famoso garage). En Silicon Valley existen en realidad 3 generaciones superpuestas de empresarios: la de los pioneros del hardware, la de los fabricantes de software clásico y la de los emprendedores de Internet y hasta el mismísimo Eric Schmidt dijo en Wall Street Journal que no habría porqué despreciar las inversiones en negocios intensivos en capital que no estén relacionados con la web. Lo que sucede es que muy pocos mercados, biotech quizá, o algo en defensa, permiten apalancar tantísimo una inversión como un negocio exitoso de internet para gran consumo.
Por terminar, que ya me he extendido demasiado… el último episodio de este culebrón de egos y avaricias lo ha firmado Michael Arrington en su post So A Blogger Walks Into A Bar… en el cual pinta a los VCs como una pandilla de mafiosos conchabándose contra Y Combinator.

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