Sobre las patentes, los monos y la cultura del rifle

Uno de mis experimentos favoritos sobre el comportamiento es aquel que se hace con unos monos y un manojo de plátanos. Cada vez que un mono se acerca al manojo para coger un plátano se propina una descarga eléctrica al resto del grupo.
Con el paso del tiempo los monos aprenden y se dedican disuadir por la fuerza a cualquiér congénere que trate de acercarse a la fruta.
Hasta aquí todo es muy lógico, lo curioso sucede cuando se van reemplazando los monos previamente electrocutados por otros que nunca sufrieron dicho castigo. Estos monos continúan propinando palizas a quienes se acercan a los plátanos a pesar de que ellos mismos nunca sufrieron los efectos de las descargas eléctricas hasta con que, con el paso del tiempo, se pega a cualquier mono que trate de acercarse a los plátanos sin que ninguno de ellos sepa porqué lo hacen.
La vida está llena de comportamientos que fueron útiles en un pasado lejano pero que han dejado de serlo largo tiempo atrás.
Para los europeos es difícil comprender la cultura del rifle norteamericana porque no tenemos en cuenta la historia del pais. Los abuelos de algunos de los norteamericanos actualmente vivos, residían en un rancho tan remoto que no había protección policial efectiva contra bandidos y forajidos. Y, en tales circunstancias, realmente lo más prudente era tener un rifle en casa para defender a la familia. Y de eso no hace tanto, apenas 100 años quizá.
En la lista de correo Free Software for Business Randy Kramer inició un hilo de conversación el pasado día 2 de julio en el cual preguntaba si alguien conocía una base de datos que permitiera registrar ideas como arte previo sin necesidad de patentarlas.
Hubo algunas respuentas como la referencia de Luis Villa al proyecto Prior Art de Mozilla.
Pero lo más sorprendente para mi ha sido leer a personas como Chris DiBona o Tim O’Reilly defendiendo que la mejor forma de luchar contra las patentes es con más patentes. Sugiriendo que todo el mundo debería patentar todo lo que se le ocurriera como una forma de agotar a las grandes empresas en el empeño de hacerse con los derechos derivados de sus patentes.
Incluso el propio Richard Stallman ha escrito que quizá sería mejor ocultar el arte previo a la oficina de patentes y reservarlo directamente para los juzgados, dado que a los jueces no les gusta contradecir las decisiones de la oficina de patentes a menos que puedan demostrar que existía un arte previo que la oficina no haya tenido en cuenta.
Stallman pasa por alto lo carísimo que es para una empresa meterse en un juicio (incluso llevando toda la razón). Y su postura es una expresión más de ese regusto norteamericano por arreglar las cosas a tiros en primer lugar siempre que sea posible.
Pensar que las patentes se combaten con más patentes es como pensar que la delicuencia se combate teniendo armas cortas en casa. Cuando se sabe y está más que demostrado que la cifra de asesinatos violentos por mil habitantes es muy inferior en los paises donde la población civil no va armada.
Las patentes son como la historia de los monos: fueron útiles en su día para extraer el conocimiento de los gremios mediante un contrato social que otorgaba derechos crematísticos al artesano a cambio de que compartiese sus conocimientos. Pero en la era de Internet las patentes (de software) están obsoletas y trasnochadas.
Yo incluso dudo de que se deba otorgar a nadie un derecho económico sólo por tener una idea. Yo tengo decenas de buenas ideas todos los días ¿acaso debería ir corriendo a la oficina de patentes a cobrar dinero sólo por pensar?
Post relacionado: Monitos con navaja (Andrés Panitsch)

Compartir:
  • Twitter
  • Meneame
  • Facebook
  • Google Buzz
Esta entrada fue publicada en Entorno Legal del Software Libre. Guarda el enlace permanente.