Nirvana

Buddha Preaching
Abrumado por la tragedia del sufrimiento humano, el príncipe nepalí Siddhārtha Gautama se retiró durante seis años para vivir una vida ascética. Tras dicho periodo de tiempo concentrado en la meditación, Siddhārtha alcanzó el Nirvāṇa: un estado que permite liberar totalmente la mente de las preocupaciones mundanas. Siddhārtha dedicó los siguientes 45 años de su vida a predicar su descubrimiento, obteniendo el reconocimiento de ser el Buda supremo de nuestra era.
Trayéndonos esta historia a nuestro tiempo, siempre me ha resultado muy sorprendente esta técnica introspectiva de alcanzar la iluminación. Se supone que para alcanzar la sabiduria lo que tienes que que hacer es investigar y emplear métodos empíricos, no mirarte el ombligo, perdón, lo que los filósofos llamarían razón pura.
La técnica de Siddhārtha es muy simple: busca resolver problemas que te afecten a ti, olvídate del resto del mundo en el proceso, cuando obtengas una solución válida para ti, seguro que esa solución vale también para muchas otras personas, y ya encontrarás entonces una forma de venderla.
Uno de los problemas de muchos programas comerciales es que se crean para atender a un mecado y no para resolver una necesidad concreta. El resultado final suele ser un engendro mastodóntico colmado de funcionalidades (a los comerciales siempre les falta alguna funcionalidad crítica) que no se adapta nunca bien a las necesidades operativas del cliente y hay que “parametrizar” (re-escribir de arriba a abajo en algún horroroso lenguaje de scripting).
La técnica de mirar hacia adentro funciona especialmente bien en EE.UU. y en los paises nórdicos, donde la gente tiene mayor predisposición a probar novedades. Así se han creado desde producto pequeños como el ARJ de Robert K. Jung con aquella funcionalidad estrella de partir los archivos comprimidos en diskettes, hasta el mismísimo Google, fruto de “tu haz un buscador que realmente funcione y luego ya verás cómo lo monetarizas”.
Claro que Siddhārtha tenía un pequeño as en la manga: su madre soñó una noche que un elefante de seis colmillos y cabeza color rubí bajaba de los cielos y entraba en su útero por el costado derecho. Ocho brahmanes predijeron que el bebé sería santo y alcanzaría la perfecta sabiduría.
La segunda moraleja de la historia es que antes de fabricar tu producto estrella te asegures de que tienes de antemano el visto bueno de los brahmanes.

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