Los costes de producción del software

He dedicado un rato a leer una presentación de Ricardo Galli titulada Economía y Software Libre que encontré referenciada en barrapunto.
Básicamente estoy de acuerdo en todo lo que dice, pero vale la pena extraer dos frases:
El software en el siglo XXI no es un producto es un servicio público
Proponer la nacionalización de la propiedad intelectual suena a una forma de neo-comunismo y podría, ciertamente, atentar contra los principios del capitalismo a ultranza. Pero es muy curioso cómo se manipula la opinión pública para que apoye la iniciativa pública o la privada según convenga. En España si alguien sugiriese privatizar la sanidad correrían rios de sangre, sin embargo, la energía, o las telecomunicaciones, otro sectores estratégicos son tabú para el estado (aun no exentos de presiones políticas).
En informática interesa que haya un único producto (me acuerdo de aquella broma de poner todos un dólar para cerrar Netscape) porque es más barato desarrollar para una plataforma que para varias. Lo que no puede ocurrir es que dicha unicidad sea a costa de la generación de un monopolio privado.
Por primera vez en la historia nos encontramos con una economía cuyos bienes tienen coste marginal cero
Esta afirmación me parece una de las concepciones económicas incompletas más importantes de los defensores del Software Libre. Porque, aunque los costes marginales de producción tiendan a cero, no todos los costes son de producción. Lo más barato del software es fabricarlo. Los mayores costes se hallan en las ventas y en la distribución.
Microsoft liquidó a Lotus 1-2-3 y a Quattro Pro no porque Excel fuese intrínsecamente mejor, sino porque disponían de una maquinaria de marketing lo bastante poderosa como para aplastar a Lotus y a Borland, y llegó un momento en el que Borland sencillamente no podía invertir tanto en ventas como estaba invirtiendo Microsoft.
Cuentan una anécdota de que en el antiguo comedor de Lotus tenían una foto de Bill Gates con un pie que rezaba “este hombre quiere tu comida”.
Microsoft tuvo un punto de inflexión en ventas con la introducción del CD-ROM, porque es muchísimo más barato distribuir un CD que los 20 o 30 diskettes que componían las suites ofimáticas de principios de los 90.
En productos de gran consumo la cuota de mercado es lo fundamental y para ganar cuota es imprescindible que se pueda distribuir efecientemente.
De hecho, el coste marginal cero en distribución [y no el de producción] es lo que hace a Windows tan atractivo. Gracias al canal OEM Microsoft no tiene que hacer virtualmente nada para vender una licencia de Windows. Esto no ocurre con otros productos de software (como los ERPs) que requieren un largo y costoso proceso de venta.

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